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El síntoma clásico

Vas subiendo hacia Tamaraceite o estás parado en un atasco en Mesa y López, el motor ya está caliente y, de repente, se para. Intentas arrancar: el motor gira, pero no prende. Media hora después, ya frío, arranca como si nada. Es la descripción típica de un sensor de cigüeñal que falla con la temperatura.

Por qué ocurre

El sensor lee los dientes de una rueda fónica en el cigüeñal o el volante y le dice a la centralita a qué régimen y en qué posición está el motor. Sin esa señal, no hay inyección ni encendido. Con el calor, un sensor envejecido puede dejar de emitir.

Cómo lo comprobamos

Tu descripción es muy útil: cuándo se para, cuánto tarda en volver. Después medimos la señal con osciloscopio en frío y la repetimos con el motor a temperatura, que es cuando falla. Revisamos también:

  • El conector, que en la costa se oxida.
  • El cable, que puede rozar o haberse ablandado por el calor.
  • La rueda fónica: dientes dañados o suciedad metálica adherida al sensor.

La reparación

Sustituimos el sensor por uno de calidad equivalente, limpiamos el asiento y, si es necesario, saneamos el cableado. Después hacemos una prueba larga, hasta que el motor alcanza y mantiene su temperatura, incluida alguna subida. Si el síntoma coincide con errores del sensor de fase, revisamos también el sensor de árbol de levas. Presupuesto sin compromiso.