Guía completa
Un sistema exigente
Los diésel recientes reducen sus óxidos de nitrógeno inyectando una solución de urea en el escape. El conjunto tiene depósito con calefactor, bomba, dosificador, catalizador específico y dos medidores de NOx que vigilan el resultado. La normativa obliga a que, si algo falla, el coche avise y acabe por no arrancar.
Los trayectos cortos y la urea
Un diésel que se mueve entre Guanarteme, Triana y Vegueta en trayectos de pocos minutos casi nunca calienta el escape lo suficiente. La urea que no se descompone bien forma una costra blanca en la punta del dosificador y en el tubo. Con el tiempo, la pulverización empeora y saltan los avisos. Las furgonetas de reparto del Puerto de La Luz, con muchas paradas, lo sufren especialmente.
Lo que comprobamos
Primero, el líquido: si está diluido o contaminado, engaña a los medidores. Después, la presión de la bomba y el pulverizado del dosificador, activándolos desde el equipo. Los medidores de NOx aparecen mucho en los códigos, pero antes de cambiar uno comparamos sus valores con el motor caliente. El calefactor del depósito casi nunca se necesita aquí, pero su fallo eléctrico también genera avisos.
La reparación
Sustituimos lo averiado, limpiamos los restos de urea y hacemos los ajustes que indique la marca. Para que el sistema se dé por bueno, suele hacer falta un recorrido a ritmo constante: una vuelta por la GC-1 o la GC-2 es ideal. No anulamos nada. Si además notas falta de fuerza, revisamos el filtro de partículas y la EGR. Presupuesto sin compromiso.